jueves, 15 de octubre de 2015

erosión de la autoría

Mi forma de pensar en la escritura es de dos tipos.
Por un lado es la idea romántica del creador, del artista, el dominador de la palabra, que crea frases que sientes que son perfectas que son tuyas, que le dan palabras a la tribu, como profesaba Mallarmé. Y, aunque creo que escribo bien, no tengo aún la fuerza para darle la palabras a la tribu, porque la única forma de generar esa entonación perfecta es con talento, y eso va más allá de un deseo creativo, es una cualidad.
Una de las ideas creativas que me han asediado en los últimos meses es, a partir de las transformaciones de la narrativa digital, la idea de escritura participativa y colaborativa. Sé que la información en la red está construida de esta forma, pero la literatura ha rehuido de ella durante siglos. Desde la noción homérida de la Ilíada y la Odisea como un constructo cultural comunitario y no individual, las nociones del artista se han estructurado en torno al genio creador individual, desde el romanticismo esta noción se ha acrecentado. Ahora, las palabras colaborativo regresan pero sin perder de vista al autor y la pugna, ya añeja, entre la idea del creador primigenio y el apoyo de sus fieles, contra la erosión del autor, la idea de la muerte es arcaica, Barthes y Focault llevan más años de muertos que la noción digital popularizada, por lo que no tiene caso seguir replicándola. En cambio, la erosión del autor, donde no quedan huellas del primer autor, del creador original o constructor de la idea, va más allá, pues significa que él da su obra al público para que ellos la transformen tanto que se pierda la idea del autor para ganar la noción de obra.
Más allá de un autor, en cualquier formato es necesario un director orquestal, un autor implícito. Wayne Booth en La retórica de la ficción define al autor implícito como una creación del escritor: “Cuando escribe no crea simplemente un ‘hombre en general’, ideal, impersonal, sino también una versión implícita de sí mismo que es diferente de los autores implícitos que encontramos en las obras de otros. […] El autor implícito erige consciente o inconscientemente, lo que leemos; le consideramos como una versión creada, literaria, ideal, del hombre real; es el resumen de sus propias elecciones.” 


Ahora, de forma particular, me gusta más la idea realista de algunos documentales y reality shows y todos los mecanismos de atrapar la cotidianidad y editarla, para crear un producto ficticio a partir de la realidad. En ese sentido creo en el texto colaborativo, en el sentido de que los demás ofrezcan palabras de forma involuntaria, que cuentan y vivan su vida sin saber que ello se convertirá en ficción, que la realidad será transcrita, no que habrá muchos autores, sino un autor que capta la realidad y la reconfigura, que sea participativa en el sentido que ellos ayuden a volver suyas la obra, que habiten la obra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario